
Esta tarde he salido a comprar el periódico y he visto que al otro lado de la calle estaban quemando un contedor. Había gente mirando. Rapidamente ha llegado un coche de bomberos y la policía. Cuando he salido de la tienda estos últimos aún estaban allí, pero en el hueco donde 5 minutos antes ardían las llamas ya habían aparcado un coche. Me ha parecido curioso.
Primero, porque por un momento he vuelto a mis quince años, cuando veía contenedores arder cada semana y segundo, porque nunca había visto apagar contenedores con esa velocidad. Es más, ni siquiera recuerdo a los bomberos apagando fuegos.
Recuerdo otras cosas, el humo, el miedo, los gritos, mis amigas inmoviles por el pánico, policias encapuchados, "jarraitxus" encapuchados, humo blanco y humo negro, el sonido de las escopetas de bolas de acero y goma, el ángel que me salvó una vez que me aplastaban contra la pared y me levantó en volandas, las carreras que nos dábamos, los rodeos con el trípode de la cámara al hombro, asustados porque podía parecer un arma. Pero en todos esos recuerdos no hay bomberos apagando llamas. Es curioso, no?
También me ha recordado a mi primera manifestación democrática, en portugal, con el partido de izquierdas y el de derechas avanzando el uno contra el otro por la misma calle, y yo en medio, pensando, manteniendo la cabeza fría, como tantas otras veces, buscando salidas, calles por donde desaparecer. Y de pronto, las dos manifestaciones se cruzaron, y para mi sorpresa, no sólo no se abrieron la cabeza los unos a los otros, sino que se saludaron amistosamente e incluso se dieron la mano.
La sensación que tuve en ese momento no se me olvidará nunca. Creo que me hice un poco más mayor.
Vaya, no pretendía irme por estos derroteros, pretendía mostrar mi total rechazo hacia la violencia desatada por las viñetas publicadas la semana pasada en un periódico danés y que ya han provocado varios muertos.
Termino con una foto que saqué precisamente en Portugal, en Fátima, visita que ya os contaré en otro momento.